Lo que cambió en mí después de vivir el huracán Irma

Es un hecho, nadie quiere vivir un huracán, mucho menos con un niño de dos años y otro de dos días de nacido. Sí, mi hermana lleva tres años viviendo en Miami y para su suerte a su segundo hijo se le ocurrió nacer tres días antes de que el huracán Irma tocara tierras floridianas. Para reafirmar mi punto de la “buena suerte” que tiene: a) le tuvieron que hacer cesárea b) fue en un hospital junto al mar, zona de evacuación garantizada.

Para no hacerles el cuento largo, aquí algunos datos de los hechos: su cesárea fue la octava de esa mañana, le pusieron mal la epidural, se tardaron más de cuatro horas en darle un cuarto después de la operación y, con el tema de la evacuación, la querían llevar a las 12 de la noche a un hospital a tres horas de Miami; y digo la querían porque no pudieron. Justo antes de trasladarla le dieron una medicina que le hizo reacción y se desmayó continuamente durante una hora: “sentí que me iba” (en sus propias palabras). Al día siguiente la despacharon a su casita donde llorando de dolor, literalmente, tuvo que preparar todo lo necesario para los próximos días. Sí, obvio su casa también estaba en zona de evacuación obligada.

Al día siguiente llegamos todos (mis papás, mi hermana, mi cuñado, mis dos sobrinitos, el suegro de mi hermana y yo) a un hotel a las afueras de Miami, donde nos garantizaron que íbamos a estar mucho mas seguros. Bonita la sorpresa de ver el nombre del queridísimo presidente de Estados Unidos hasta en los vasos para el café. ¡Bienvenidos al Trump National Doral Resort!

Estuvimos ahí cuatro días, tres noches y 36 horas encerrados sin agua caliente y sin luz. ¿Se sintió el huracán? Sí, llovía demasiado fuerte y había muchísimo viento pero como estábamos a las afueras, no fue en donde más fuerte pegó (gracias a Dios). ¿Esto hizo que revalorizara mi vida? No. Sé que suena fuerte, pero les mentiría si les dijera que sí. En ningún momento sentí que mi vida o la de mis familiares estuviera en peligro y este suceso no fue el que me “impulsó a empezar a vivir mi vida de la manera que siempre he soñado (cliché)”; yo ya la vivo como quiero desde hace mucho tiempo. ¿Irma provocó algún cambio en mí? SÍ, definitivamente sí. Aquí algunas de las enseñanzas que me dejó el huracán.

ANTE LAS AMENAZAS ES MEJOR ESTAR PREPARADO. Es un hecho que los medios de comunicación y los gringos (sin ofender) tienden a exagerar, pero bendita la manera en la que lo hacen. Gracias a eso, miles de personas tuvimos la oportunidad de alistarnos para la llegada del huracán. Mucha comida, agua y preparación mental. Hay que hacer caso a lo que dicen y no tomarnos todo tan a la ligera. Aquí como en las fiestas: es mejor que sobre a que falte (en TODOS los sentidos).

UNO DEBE DE ESTAR CONSCIENTE DE LO QUE PUEDE APORTAR ANTE CUALQUIER SITUACIÓN Y HACERLO. El rol de cada uno de los integrantes de mi grupo estuvo claro. Unos se encargaron de que no nos faltara nada, desde cuartos en el hotel, comida y agua, hasta linternas, gasolina, baterías extras y medicinas. Otros hacían que el ambiente fuera más ameno y que el pánico no se apoderara de nadie. Cuidar a los niños, estar informados sobre el avance del huracán, hacernos reír, reunir a todos, y muchas cosas más que van surgiendo en el camino. La clave está en dar lo que cada uno pueda dar dentro de sus posibilidades.

LOS MOMENTOS DIFÍCILES SIEMPRE SON MEJORES CUANDO SE TIENE COMPAÑÍA. Mi hermana y su esposo no dejaban de repetir lo angustioso que hubiera sido para ellos vivir eso solos. Yo no lo dije pero estoy totalmente de acuerdo con ellos. Cuando estamos rodeados de las personas que amamos, las dificultades son menores, los momentos de desesperación se vuelven aprendizajes y la compañía se convierte en tu mejor aliado.

EL AMOR FAMILIAR ES EL MÁS REAL E INCONDICIONAL QUE EXISTE. Sí ya lo sé, suena a cliché, pero tengo que aceptar que este encierro de tres días con mi familia logró que me diera cuenta lo mucho que los quiero y lo necesarios que son en mi vida. Tanto los que estuvimos juntos, como los que estaban un poco más lejos (fisicamente hablando) no paramos de demostrar el amor que nos tenemos con pequeños actos que marcaron la gran diferencia. Nuestro familiares siempre estarán ahí para nosotros, en las buenas, en las malas y en las peores.

LOS MEXICANOS SOMOS LOS MEJORES. Cuando llegué al hotel (una noche antes que todos para poder apartar los cuartos) conocí a Don Enrique, un mexicano que trabaja ahí y lleva 10 años viviendo en Miami. Desde el principio me ayudó en todo lo que pudo, me tranquilizó y hasta me acompañó a mi cuarto para darme algunos tips. Se lo agradecí muchísimo y pensé que me había ayudado porque me vio solita y éramos paisanos. Lo volví a ver como 10 veces más, y me llena de orgullo decir que todas esas veces lo encontré ayudando a alguien y con una sonrisa inmensa en su cara. Gracias Don Enrique por darnos seguridad.

LOS NIÑOS SÍ QUE SABEN DISFRUTAR DE LA VIDA. Esto es real, todos los niños del hotel estaban felices, corriendo de un lado a otro, comiendo helado (cortesía del señor presidente), inventando juegos nuevos y gritando de emoción. Ellos no lo vieron como una evacuación, al contrario estaban felices de dormirse tarde y no tener que ir al colegio al día siguiente. Si todos tomáramos aunque fuera algo mínimo de su filosofía seguramente seríamos más felices con mucho más poquito.

HAY QUE VALORAR LO QUE TENEMOS Y NO DAR NADA POR HECHO. En mi caso fueron la luz y el agua, y después de un día me estaba volviendo loca. Aunque son cosas ordinarias que damos por hecho, cuando hacen falta nos damos cuenta de lo realmente extraordinarias que son.  

EL CALENTAMIENTO GLOBAL ES COSA SERIA. Aquí solo voy a decir unas cuantas palabras: Harvey, temblor en México, Irma, José, Katia y así seguimos. Tenemos que empezar a tomarnos más en serio lo que está pasando en nuestro planeta, la Tierra está hablando y lo está haciendo de una manera MUY fuerte.

SIEMPRE HAY QUE ESTAR AGRADECIDOS Y DISPUESTOS A AYUDAR. Por suerte mi familia y yo estamos bien pero desgraciadamente muchos fueron los afectados después de este y otros desastres naturales. Siempre hay alguien que la está pasando peor que nosotros y no está de más ponernos en sus zapatos. Si las cosas nos van bien, con más razón tenemos la responsabilidad de brindar apoyo a los que lo necesitan.
Créeme cuando te digo que aunque piensas que estás dando, en realidad estarás recibiendo mucho más. Aquí pueden ver como ayudar a los damnificados. 

Como dato final: Querido Señor Trump, me complace informarle que el 92% de los huéspedes en su hotel éramos latinos. DE NADA.

7 Comentarios
  1. Un testimoniio que te pone la piel chinita .
    Enorme su familia que los arropó en un momento tán critico,
    La bendión es que Jaime pudo llegar al mundo y puede estar muy orgulloso de tener una madre que ya es ejemplo de fortaleza, un padre valiente y amoroso y una familia maravillosa.
    Bien lo dices , los mexicanos somos grandes.
    Abrazo

  2. Mercedes qué bonito escribes, me pude trasladar al lugar que nos cuentas. Sentí un poco de lo que tú sentiste, y te admiré.
    Qué difícil fue para ustedes pero se ve que eres una mujer fuerte y eso lo transmites en tu relato. Gracias por compartir con nosotros esta experiencia. Qué bueno que ya pasó!

  3. Excelente artículo!! Profundo!! Aprendí y me hiciste recapacitar en lo que realmente vale la pena y en dar gracias a Dios por lo mucho que tengo y se me olvida!!
    Estoy orgullosa de la gran escritora que eres ! Felicidades!!

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