Si todos tus deseos se hicieran realidad, ¿serías feliz?

Seguramente piensas que sí, y probablemente por un rato así sería. Pero generalmente ni todos nuestros deseos se hacen realidad, ni su realización nos produce la gratificación que de ellos esperamos.

Pedir, regalar y recibir deseos, que suponemos buenos, nos hace sentir bien, y ciertamente encierra buena voluntad y, como dicen, trae “buena vibra”.

Pero ¿qué pasa cuando vivimos inmersos en olas de deseos, cuando las corrientes de estos se desbordan de las orillas del río de nuestras vidas y nos inundamos de aspiraciones, apetitos y ansias? Qué sucede cuando no se manifiestan o cuando al poco rato de obtenerlos regresa la sensación de vacío y “ese quiero más”?

¿Será que no nos merecemos la felicidad? ¿qué las estrellas no están bien alineadas? O, ¿que algo no está bien conectado? Indudablemente, todos nos merecemos el bien, por el simple y grandioso hecho de haber nacido. Recibimos el don de la vida, y la vida lo contiene todo. Incluyendo el libre albedrío, la posibilidad de elegir. Y justo ahí, es en donde radica el “juego de los deseos”.

El juego de los deseos es semejante a los programas de concursos, en donde el deseo está detrás de la cortina cerrada, y deseamos que sea lo que deseamos. Pero la cortina cerrada es un azar. Así, el juego nos mantiene siempre ansiosos, llenos de expectativas y dudas.

¿Si hubiera abierto la otra cortina? ¿ Si me hubiera quedado con lo que ya tenía? ¿Me quedo o me voy?  ¡Seguro hay más!

Sí, si hay más, pero no tras la cortina.

Si quieres pedir un deseo que te llene de poder, pide lo que realmente ansía tu corazón. No te dejes engañar por las ofertas y la rentabilidad de una vida de ilusiones falsas que siempre te llevan por el tortuoso camino de la preocupación y la impaciencia. Pide eso que nada ni nadie te puede quitar ¡el deseo de tu alma!

Encontrar los deseos de tu alma es fácil pero laborioso. Cierra los ojos, respira y verás como se abre la cortina

  • Dentro del espacio de silencio que hay entre cada latido de tu corazón, están tus respuestas.
  • Tu realidad es el espejo perfecto, siempre refleja exactamente lo que hay en ella.
  • Verás como los deseos equivocados distorsionan  justifican y confunden.
  • Abandona el miedo a descubrir que tus respuestas (y por lo tanto tus deseos) estaban equivocados.
  • Cuando tus deseos te dejen o produzcan duda, enojo, ansiedad, agresión, preocupación, envidia, ambigüedad, dependencia, reclamos, coerción, miedo, seguro estás pidiendo secretamente desde el lugar equivocado.
  • Cuando sientas armonía, y percibas a tu corazón contento y lleno de confianza, sabrás que estás entrando al espacio del auténtico bienestar. En donde descubrirás que tu máximo placer es darte cuenta de que no necesitas nada que te asuste, nada que te mantenga en el filo de la navaja, ni nada que condicione tu felicidad.

Verás que tu paz interior es la guía y la meta de cada momento.

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