Sobre los Reyes Magos, los regalos, el zapato y la rosca

Cada 6 de enero, en México se espera con ansia la llegada de los Reyes Magos. Los pequeños esperan el amanecer para abrir sus regalos y, los papás, un poco desvelados por estar esperando que los Magos del Oriente se presenten para dejar dichos obsequios, ruegan por que sus hijos no les brinquen encima para compartir su alegría. Pero, ¿cuál es el origen de esta celebración?

Un poco de historia

Herodes I el Grande, quien era gobernante de Judea, al enterarse de que había nacido el rey que todos esperaban (según la profecía) , tuvo miedo de perder su trono y ordenó matar a todos los menores de dos años. Entre ellos se encontraría Jesús, por lo que José y María huyeron a Egipto para que no mataran al mesías una vez que llegara al mundo. Según la tradición cristiana, en camino nació Jesús en un pesebre. Fue ahí a donde llegaron los Reyes Magos, guiados por una estrella, a adorarle.

Los Reyes Magos de Oriente es el nombre por el que la tradición cristiana denomina a los que realmente eran los sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente. Ellos, tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde Oriente para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica. Oro (como rey), incienso (como dios) y mirra (como hombre).

Cabe mencionar que el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de reyes). Ahí dice que siguiendo una estrella buscaban al rey de los judíos que había nacido en Jerusalén.

Los nombres actuales de los tres Reyes Magos son:  Melchor, Gaspar y Baltasar. Estos aparecieron por primera vez en el famoso mosaico de San Apollinaire Nuovo (Rávena) que data del siglo VI.  En él se distinguen a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres encima y representando distintas edades. Los tres Reyes Magos, además de representar las edades, representan las tres razas de la Edad Media. Melchor a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.

El zapato y la carta

En México, la noche del 5 de enero, los niños ponen debajo del árbol de Navidad su zapato. Dentro de éste va una carta donde piden un regalo a los Reyes Magos. De acuerdo a la tradición, los niños no deben ver a los Reyes, ya que si lo hacen ellos desaparecerán. Deberán haberse portado bien durante todo el año anterior, para que les “traigan”, en la medida de lo posible, los regalos que fueron solicitados. Al amanecer del día 6, la paz y la tranquilidad desaparecen. Los pequeños, ebrios de gozo y de alegría, corren por la casa esperando el momento de presumir a sus papás, a los familiares y a sus vecinos aquellos regalos traídos por los Magos del Oriente.

Y la rosca

Pero el ritual sigue en la tarde del día siguiente. La familia se reúne para compartir una deliciosa rosca horneada dentro de la cual se encuentra una pequeña figura que representa al niño Jesús. La rosca simboliza a una corona, las frutas representan sus joyas y el muñequito al niño Jesús que fue escondido y protegido de Herodes en los días del relato bíblico.

En el siglo III, en el interior del dulce se introducía un haba seca. El afortunado que la encontraba, era nombrado “rey de reyes” durante un corto periodo de tiempo previamente establecido.

En México, la tradición fue importada desde España y es costumbre merendar la rosca de reyes con chocolate. Además, se adorna con miel y frutos del desierto, como dátiles o higos. Originalmente, el muñeco se hacía de porcelana o cerámica.

Existe la costumbre de que quien descubre el muñeco en su trozo de rosca, es el padrino del niño y está comprometido a ofrecer una cena o comida con tamales el día 2 de febrero, día de la Candelaria. Además, deberá de vestir al niño Jesús.

Por desgracia, muchas tradiciones se están perdiendo. Sigamos festejando esta hermosa tradición y no permitamos que se nos vaya una más. ¡Felices fiestas!

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